Sólo quien haya estado en alguna ocasión muy próximo a morir bajo el agua, sabe con certeza de qué va este dicho. Sabe, en parte, de la naturaleza de las patadas y creo que sólo en parte puesto que éstas son del muerto en agua una vez que lo ha perdido todo, no del sobreviviente que patalea y patalea hasta que logra salir. Las patadas del sobreviviente, no son pues las mismas que las del ahogado, aquellas son fuerza y lucha, éstas, en oposición, cuando más instinto o reacción corpórea.

Las patadas del ahogado son golpes reflejos, prácticamente involuntarios, por ello no se puede afirmar que el muerto sabe que ha perdido, pues quién sabe cuánta conciencia se tenga del hecho mismo de estarse apagando. Son únicamente golpes dados por el cuerpo cuando las funciones vitales se van ausentando, por lo que no es ni el último esfuerzo, ni el segundo aire, ni nada semejante, una patada, en el ahogado, es el claro movimiento de la rendición misma. Cuando el cuerpo –que no el sujeto– sabe y ha aceptado el fin. Una vez dadas las patadas no hay vuelta atrás, incluso sostendría que dichos movimientos son la clara señal de que las cosas han finalizado, de que ya se perdió la vida. Es decir, una vez que vemos patear al cuerpo, sabemos con certidumbre vasta que lo siguiente será morir ahogado. Así que si lo que se quiere evitar es la muerte, se deben controlar las situaciones previas a los puntapiés, ciertamente con anticipación grande. Las patadas son también pequeñas y engañosas muestras de una vida que ya no es tal. Dan lugar a la confusión, a la esperanza de que lo que ya no es aún pueda serlo, abre cabida a una ilusión que no debería tenerse. Por el contrario, el muerto –dado que el ahogado en tales condiciones ya lo es– ya no puede ni debe preguntarse qué es lo que pasó, cómo llegó hasta ese estado o cómo revivirse, sino lo que tiene que ser de su interés ahora es lo siguiente, qué le depara lo venidero.

Al ritmo del escrito, la pregunta obvia es ¿Cómo distinguir entre una y otra patada –la del sobreviviente y la del ahogado– si es que a simple vista parecen la misma? La respuesta es simple, cuando se es el espectador del ahogo no se puede resolver qué es lo que se está presenciando, si una lucha o una muerte, de allí que existan los salvavidas, pero cuando se es el mismo zambullido, sencillamente lo sabes.

La cigarra

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